~Hoy te he vuelto a soñar.~




Al principio hacia frio, todo era borroso y estaba nublado…

El sol aún no había salido y algo en mi interior me decía que hoy, no saldría.

Caminaba por las calles Sola y en silencio.

El frio se colaba en mis huesos, como una gélida caricia de ausencia.

Abrazada a mí misma mis pies vagaban sin rumbo, en este mundo terrenal.

Mis ojos no veían más allá que una espesa niebla que se había apoderado de la ciudad.

Pero entonces lo sentí.

Unas manos se posaron en mis hombros.

Como por arte de magia, aligerando su carga.

Tras los hombros las manos descendieron por mis brazos…

Temerosa de que solo fuera una ilusión, no me gire a buscarte.

Pero entonces lo sentí…

Todo fue extremadamente real.

Me giraste entre tus brazos.

Pegaste tu cuerpo al mío y cerraste los ojos.

Hundiste tu cara en mi cuello aspirando mi esencia.

Mientras tus brazos se cernían sobre mí en una férrea presa.

Mis manos temerosas te buscan, hasta encontrarte.

Tu abrazo se hace nuestro y alzo la cabeza necesitando verte.

Esos ojos claros me pierden, tú me pierdes y sonrío.

Te veo, por fin te veo y no puedo sino besarte.

Un beso que sabe a distancia, a mar, a sol, a ti…

Un beso que sabe a amor…

Y me pierdo en los recodos de tu boca, que se bien que será mi refugio.

El hogar que me ofrecen tus brazos, será desde hoy mi cobijo.

Y tú, mi amor, serás por y para siempre mío.


Y cuando despierto sobresaltada.

Soy feliz, porque sé que ahora es un sueño…

El tenerte tan cerca y tan mío, solo es un sueño.

Pero un sueño por el que merece la pena despertarse cada mañana.

Un sueño que luchare día a día por hacer realidad.

Porque ya no concibo un despertar sin esa sensación de felicidad.

Porque te amo.

Porque si no eres tu quien amanezca cada día a mi lado, no es nadie.

Y por ti merece la pena luchar, y lo hare, con uñas y dientes si hace falta.

Porque hoy solo ha sido un sueño más contigo…


Un sueño que pronto, se hará realidad.

Buscando una salida. (Lobos II)




Me había quedado dormida, pero el ir y venir de gente hizo que me despertase sobresaltada.
No sabía que medicación me habían puesto, y dado que la medicación de los humanos no solía hacer efecto en los míos, ese sueño, casi me supo agridulce…
Pero al despertar tenía una ventaja conmigo, era noche cerrada y el personal del hospital había disminuido a la mitad, eso me daba un aliciente para poder salir de allí a dos patas, sin llamar demasiado la atención.
Me mantuve un rato alerta y al no advertir peligro alguno, procedí a desconectar las maquinas que estaban enganchadas a mí, antes de quitarme las vías, los parches y todo lo demás.
Mis heridas ya habían cicatrizado y no era necesaria tanta pantomima.

Cuando abrí la puerta, la mantuve entornada hasta que la enfermera que estaba en el mostrador desapareciera al pitar una de las máquinas de algún pobre paciente.
Fue ese momento el que aproveche para, con el camisón aun del hospital  salir a hurtadillas de mi habitación, deslizarme por el pasillo hasta topar con un cuartito de enfermeras, y tras comprobar que solo había una muchacha, que tenía pinta de estudiante, al juzgar por su aspecto juvenil, y desarrapado, como si llevara ahí más horas que muchos pacientes, y ver que esta dormía sobre una camilla colocada para ese uso… Me dio aún más esperanza.
Hice acopio de una bata y unos zuecos de esos modernos, le robe a la pobre enfermera sus gafas y una carpeta que tenía encima de la mesa y me encamine fuera “revisando” los informes que traía la carpeta, y cuál fue mi sorpresa que entre ellos estaba el mío, eso me daba una clara oportunidad de poder borrar mis huellas al más puro estilo humano.

Iba enfrascada en la lectura del mismo cuando un olor hizo que mis ojos se tornaran de nuevo animales, que toda mi piel se erizase y que mi lobo aullara, haciéndome girar en un pasillo, que no conducía a la salida.
Atravesé el pasillo despacio asomándome a cada una de las puertas lo justo para observar las penumbras de su interior y aspirar el aroma que emanaban las personas de allí, solo para irme defraudando una, tras otra…Hasta que una de las ultimas puertas trajo consigo el regocijo de mi animal y la alegría a mi cuerpo.
Entre despacio y la imagen que se presentó ante mi fue como un mazazo proveniente de arriba.

El hombre al que mi bestia con tanto ahínco había intentado salvar, estaba postrado en una cama, con tubos por todos lados, tenía vías en ambos brazos, un tubo para respirar, aparte de que contaba con varias escayolas a lo largo de su cuerpo, un escalofrió me recorrió de la cabeza a los pies.

-No sé porque tenía la intuición de que antes de huir te pasarías a verle.-

Esa voz me hizo girarme sobre mis talones, para encontrarme en un rincón oscuro con el medico de ojos azules que me había atendido a mí, lejos de asustarme arrugue la nariz y fruncí el ceño, no entendía como mi lobo había estado tan concentrado en el olor del paciente que no había detectado que había alguien más en la habitación.
Pero fuera como fuese, había sido pillada y lejos de amilanarme o querer salir huyendo algo me hizo girar mi cuerpo, casi interponiéndolo por inercia entre el hombre de la cama y el doctor que alzo una ceja al observar como mis manos apretaban aún más la carpeta contra mi pecho, casi como si ese simple objeto fuera una barrera insalvable.

-No me tienes que tener miedo, solo soy un médico – Susurró y cada una de esas palabras se filtraron en mi mente haciendo que mi lobo gruñera y que yo, por inercia enseñara los dientes. Si hubiera estado en mi forma lupina tendría todo el lomo erizado- Vale, vale…Cálmate gatita, no te voy a hacer nada, ni a él tampoco. ¿Quieres saber cómo está?-

Esa pregunta me pillo tan desprevenida que la tensión en mi interior se aflojo levemente, aunque algo me decía que no podía bajar la guardia con ese hombre, asentí levemente con la cabeza y si un paso atrás.
Se levantó con una elegancia impropias en los humanos y ese simple gesto, acompañado de su sonrisa puso mi cuerpo aún más en alerta y resople apartándome de su camino poniéndome al lado de la cabecera de la cama, mientras el cogía el historial que estaba depositado a los pies de la cama.

-Veamos…-Susurro, más para él mismo que para mí cuando empezó a ojear el historial- La operación ha sido todo un éxito, pero pese a eso, no consigue remontar del coma, el dolor está siendo paliado por morfina… Y la cosa pinta mal.- Alzo los ojos por encima de la carpeta- Tenia varios huesos rotos y el bazo reventado, si…No le hubieran sacado de allí a tiempo habría muerto por shock hipovolémico…Vamos, desangrado. Tenía también varios golpes en la cabeza y se aprecia un par de derrames, que ya han sido drenados, por lo que medicamente no podemos hacer nada más que esperar que el señor Gilbert despierte por si solo en las próximas veinticuatro horas, ya que lleva tres días siendo operado, escaneado, pinchado, y un largo etcétera casi, a diario… Algo más que pueda hacer por usted, señorita Rodríguez?-

Tanta información habría colapsado el cerebro de un humano cualquiera, pero yo no era humana y eso me daba una ventaja, había entendido todo y mi cerebro había tardado la mitad de tiempo que el de cualquiera en procesarlo, ya que una de mis carreras en otra época había sido la medicina.
Pero no pude sino tragar saliva y pasarme la lengua por los labios al sentirlos de repente demasiado secos y luego carraspee, poniendo mis pensamientos en orden antes de ponerme firme y mirar esos ojos azules que cada vez me parecían menos humanos.

-Sí, ciertamente puede usted indicarme donde está su hija, y traerme el alta voluntaria para que me pueda ir sin necesidad de dejar mal a su hospital por la fuga de una paciente?-

Le dedique mi mejor sonrisa y ese gesto le hizo abrir los ojos de par en par, al parecer nunca se había encontrado con una mujer que dijera las cosas en toda su plenitud.

-Marta, por ahora hay una investigación en curso sobre el suceso del accidente, por lo que no puedo dejarla salir del hospital…-Carraspeo y se acercó a mí, aunque se detuvo al recordar la primera pregunta- Y la niña, está ahora mismo con los servicios sociales-

-¿Cómo?- Gruñí y me encare a él acercándome hasta que mi nariz casi rozaba su mentón, debía reconocer que el jodido era alto- Quien es usted para retenerme? Donde está la policía custodiándonos? –Hice un amplio gesto con la mano, que abracaba al señor Gilbert y la estancia- Además, sabe…Voy a irme tanto si quiere usted como si no.-


Sentencie y me gire dispuesta a cumplir mi palabra, pero entonces el doctor cometió el error de agarrarme del brazo, un error para ambos, ya que la electricidad que surgió de ese contacto me hizo detenerme en seco, y sentir como mi bestia aullaba, sin saber bien si de miedo o de satisfacción, pero mi piel humana se erizo y la boca se me seco en el acto…

Encuentro bajo la Lluvia. (Lobos I)



La lluvia caía en tropel mientras mi cuerpo lentamente se iba empapando, notaba el agua calando mi pelaje hasta alcanzar mi piel, pero por algún extraño motivo no era capaz de dejar que mis patas dejaran de hundirse en el barro para propulsarme cada vez más rápido, cada vez más lejos.
Sabía dónde se encontraba mi presa, pese a que nunca antes había sentido su olor. No sabía porque en ese momento esa necesidad de verla, de olerla, se apodero de mí con unas fuerzas que me hicieron cambiar en medio de mi carrera matutina haciéndome adoptar la piel del lobo que habitaba en mi interior.
El lobo gris plateado corría por el campo, había dejado  hacia tiempo la ciudad atrás, pero mis patas parecían negarse a obedecer las órdenes de mi mente, sabía que eso era una locura, necesitaba parar, necesitaba…
El sonido de sirenas interrumpió todos mis pensamientos coherentes y la bestia en que me habia convertido gruño, sabía muy en el fondo de mi alma, que esas sirenas iban hacia el mismo sitio al que yo me dirigía, no sabría explicar cómo, solo que me enfadó, porque tal vez, esta vez, hubiera llegado tarde. Y el ruido era ensordecedor.

Cuando mis patas al fin se detuvieron estaba en lo alto de una colina pegada a la carretera, donde las ambulancias se habían detenido también, y los técnicos de las mismas salían bajo el agua dirigiéndose hacia un amasijo informe de hierros, el olor a gasolina inundo mis fosas nasales y no pude sino proferir un aullido que se oyó por encima del ensordecedor ruido del momento.
En ese momento todos los ojos se pusieron sobre mí.
Cuando me lance en una frenética carrera, la gente no sabía que había pasado, aunque los técnicos siguieron su camino con profesionalidad hacia lo que tal vez en otro momento habían sido dos coches y un camión.
No supieron que era esa masa informe y gris que paso entre sus cuerpos, y se pararon para quedarse a una distancia prudente, mientras los bomberos trataban de estabilizar la situación, para poder atender a las víctimas.
Cuando mis patas tocaron la pegajosa sustancia del suelo, que no era agua, la victima de uno de los vehículos había sido sacada por el equipo de bomberos y un grupo de sanitarios se lanzó en su auxilio, y el agobiado conductor del camión estaba siendo asistido ya dentro de una ambulancia…

Pero el escalofrió que recorrió mi columna vertebral desde la cola hasta la nuca hizo que mi bestia me exigiera aún más y entrando por la ventanilla del vehículo ante los gritos de los bomberos que señalaban que era un lobo, y no sabían bien cómo actuar, arrastre el cuerpo inerte de un hombre fuera del vehículo, ante la atenta y asombrada mirada de todos.
Pero no podía quedarme ahí, así que volví a entrar en el vehículo y lance el canasto del bebe segundos antes de que un fuerte sonido retumbara en mis oídos, más gritos, humo, observe que alguien había cogido el canasto, ya nadie me prestaba atención…
Y de pronto, todo se volvió negro.

….

La claridad se hacía patente tras mis ojos cerrados, oía voces lejanas, y pese a que mi agudo oído debería hacerme escuchar sus susurros eran apenas audibles para mí, y eso me hizo abrir los ojos de par en par, solo para encontrarme con una luz blanca mortecina que daba una luminosidad a la estancia haciéndola parecer, si cabe, aun mas lúgubre.
Tarde apenas unos segundos en recordar que había pasado, y me incorpore de golpe…
¿Dónde diantres estaba?
Lass dudas se disiparon en unos segundos, cuando un hombre alto, con el pelo negro y los ojos más claros que jamás había visto, traspaso las puertas de cristal de la “habitación” envuelto en una bata blanca.

-Hola…Señorita…?- Dejo la frase en el aire, dejando claro que no tenían aun mi identidad, ese pensamiento me hizo sonreír.

-Rodríguez, Marta Rodríguez…- Susurre dándole un nombre falso, no tenía ninguna intención de que averiguaran nada de mí.

-Bien, -Susurro tomando nota en una carpeta- Señorita Rodríguez…Sabe dónde estamos?-

-En…Un hospital?- Susurre, haciéndome pasar por una humana aun un poco aturdida.

-Bien, y sabe porque está usted aquí?- Alzó una ceja mientras oteaba con cautela mis ojos, y un escalofrió recorrió mi cuerpo entero.

-Hu…Hubo un accidente. Si, un accidente, la niña y el hombre del coche están bien?- susurre incorporándome levemente bajo la atenta mirada del Doctor.

-Y podría decirme en cuál de los vehículos implicados iba usted?- Arrugo ligeramente el ceño y  ese gesto tan autoritario me hizo tragar saliva.

-N…No sabría decirle…Me duele aun la cabeza – Susurre llevándome la mano a la sien bajo su atenta mirada.

-Está bien, tiene que permanecer en observación. Milagrosamente no tenía usted nada roto, salió disparada por la explosión y la encontramos desnuda e inconsciente, pero aún falta hacerle algunas pruebas… Si recuerda algo más, avísenos, a mi o a la enfermera –Susurro y se giró para salir haciendo aun apuntes en su carpeta.

En ese momento una enfermera morena, de pelo largo, no muy alta y embutida en una bata que tal vez le quedara una talla, o dos, pequeña se encargó de mirarme la vía y comprobar el gotero, observando de reojo como el doctor salía de la habitación, luego pincho algo en la vía y suspire, sabía que la medicación no haría el mismo efecto en mí que en un humano, pero que había de malo en dejarle intentarlo.
La enfermera no hablo, ni siquiera se dignó a mirarme, bastante tenía con mirar a aquel médico que al parecer as traía a todas de cabeza, solo hacía falta aspirar el aroma que desprendían las humanas excitadas.
Ese pensamiento me hizo sonreír porque al menos había recuperado el olfato, y tratando de agudizar más el oído trate de centrarme en la conversación entre el médico y la mujer que estaba en la admisión de la planta, o donde quisiera que estuviese…

“…Mantenla bajo vigilancia, hay algo en ella que no me cuadra, el Joven aún no se ha despertado y ella esta como si no hubiera tenido un accidente…-La joven asentía a la par que le regalaba una caída de parpados- E investiga sus datos, a ver si podemos averiguar algo más…- Y esta vez ni siquiera espero un asentimiento por parte de la joven- Voy a hacer la ronda, avísame si hay algún cambio.”


Y sin más salió del campo de audición que tenía en esos momentos, y eso me hizo gruñir, sabía que el hombre del vehículo aún estaba en el hospital, tenía que verle, cerciorarme que estaba bien, y enterarme de que habían hecho con la pequeña…y todo eso antes de que nadie se diera cuenta de que mis heridas ya habían empezado a cicatrizar a un ritmo vertiginoso.

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