Posted by : Damisella 23 dic 2015



La lluvia caía en tropel mientras mi cuerpo lentamente se iba empapando, notaba el agua calando mi pelaje hasta alcanzar mi piel, pero por algún extraño motivo no era capaz de dejar que mis patas dejaran de hundirse en el barro para propulsarme cada vez más rápido, cada vez más lejos.
Sabía dónde se encontraba mi presa, pese a que nunca antes había sentido su olor. No sabía porque en ese momento esa necesidad de verla, de olerla, se apodero de mí con unas fuerzas que me hicieron cambiar en medio de mi carrera matutina haciéndome adoptar la piel del lobo que habitaba en mi interior.
El lobo gris plateado corría por el campo, había dejado  hacia tiempo la ciudad atrás, pero mis patas parecían negarse a obedecer las órdenes de mi mente, sabía que eso era una locura, necesitaba parar, necesitaba…
El sonido de sirenas interrumpió todos mis pensamientos coherentes y la bestia en que me habia convertido gruño, sabía muy en el fondo de mi alma, que esas sirenas iban hacia el mismo sitio al que yo me dirigía, no sabría explicar cómo, solo que me enfadó, porque tal vez, esta vez, hubiera llegado tarde. Y el ruido era ensordecedor.

Cuando mis patas al fin se detuvieron estaba en lo alto de una colina pegada a la carretera, donde las ambulancias se habían detenido también, y los técnicos de las mismas salían bajo el agua dirigiéndose hacia un amasijo informe de hierros, el olor a gasolina inundo mis fosas nasales y no pude sino proferir un aullido que se oyó por encima del ensordecedor ruido del momento.
En ese momento todos los ojos se pusieron sobre mí.
Cuando me lance en una frenética carrera, la gente no sabía que había pasado, aunque los técnicos siguieron su camino con profesionalidad hacia lo que tal vez en otro momento habían sido dos coches y un camión.
No supieron que era esa masa informe y gris que paso entre sus cuerpos, y se pararon para quedarse a una distancia prudente, mientras los bomberos trataban de estabilizar la situación, para poder atender a las víctimas.
Cuando mis patas tocaron la pegajosa sustancia del suelo, que no era agua, la victima de uno de los vehículos había sido sacada por el equipo de bomberos y un grupo de sanitarios se lanzó en su auxilio, y el agobiado conductor del camión estaba siendo asistido ya dentro de una ambulancia…

Pero el escalofrió que recorrió mi columna vertebral desde la cola hasta la nuca hizo que mi bestia me exigiera aún más y entrando por la ventanilla del vehículo ante los gritos de los bomberos que señalaban que era un lobo, y no sabían bien cómo actuar, arrastre el cuerpo inerte de un hombre fuera del vehículo, ante la atenta y asombrada mirada de todos.
Pero no podía quedarme ahí, así que volví a entrar en el vehículo y lance el canasto del bebe segundos antes de que un fuerte sonido retumbara en mis oídos, más gritos, humo, observe que alguien había cogido el canasto, ya nadie me prestaba atención…
Y de pronto, todo se volvió negro.

….

La claridad se hacía patente tras mis ojos cerrados, oía voces lejanas, y pese a que mi agudo oído debería hacerme escuchar sus susurros eran apenas audibles para mí, y eso me hizo abrir los ojos de par en par, solo para encontrarme con una luz blanca mortecina que daba una luminosidad a la estancia haciéndola parecer, si cabe, aun mas lúgubre.
Tarde apenas unos segundos en recordar que había pasado, y me incorpore de golpe…
¿Dónde diantres estaba?
Lass dudas se disiparon en unos segundos, cuando un hombre alto, con el pelo negro y los ojos más claros que jamás había visto, traspaso las puertas de cristal de la “habitación” envuelto en una bata blanca.

-Hola…Señorita…?- Dejo la frase en el aire, dejando claro que no tenían aun mi identidad, ese pensamiento me hizo sonreír.

-Rodríguez, Marta Rodríguez…- Susurre dándole un nombre falso, no tenía ninguna intención de que averiguaran nada de mí.

-Bien, -Susurro tomando nota en una carpeta- Señorita Rodríguez…Sabe dónde estamos?-

-En…Un hospital?- Susurre, haciéndome pasar por una humana aun un poco aturdida.

-Bien, y sabe porque está usted aquí?- Alzó una ceja mientras oteaba con cautela mis ojos, y un escalofrió recorrió mi cuerpo entero.

-Hu…Hubo un accidente. Si, un accidente, la niña y el hombre del coche están bien?- susurre incorporándome levemente bajo la atenta mirada del Doctor.

-Y podría decirme en cuál de los vehículos implicados iba usted?- Arrugo ligeramente el ceño y  ese gesto tan autoritario me hizo tragar saliva.

-N…No sabría decirle…Me duele aun la cabeza – Susurre llevándome la mano a la sien bajo su atenta mirada.

-Está bien, tiene que permanecer en observación. Milagrosamente no tenía usted nada roto, salió disparada por la explosión y la encontramos desnuda e inconsciente, pero aún falta hacerle algunas pruebas… Si recuerda algo más, avísenos, a mi o a la enfermera –Susurro y se giró para salir haciendo aun apuntes en su carpeta.

En ese momento una enfermera morena, de pelo largo, no muy alta y embutida en una bata que tal vez le quedara una talla, o dos, pequeña se encargó de mirarme la vía y comprobar el gotero, observando de reojo como el doctor salía de la habitación, luego pincho algo en la vía y suspire, sabía que la medicación no haría el mismo efecto en mí que en un humano, pero que había de malo en dejarle intentarlo.
La enfermera no hablo, ni siquiera se dignó a mirarme, bastante tenía con mirar a aquel médico que al parecer as traía a todas de cabeza, solo hacía falta aspirar el aroma que desprendían las humanas excitadas.
Ese pensamiento me hizo sonreír porque al menos había recuperado el olfato, y tratando de agudizar más el oído trate de centrarme en la conversación entre el médico y la mujer que estaba en la admisión de la planta, o donde quisiera que estuviese…

“…Mantenla bajo vigilancia, hay algo en ella que no me cuadra, el Joven aún no se ha despertado y ella esta como si no hubiera tenido un accidente…-La joven asentía a la par que le regalaba una caída de parpados- E investiga sus datos, a ver si podemos averiguar algo más…- Y esta vez ni siquiera espero un asentimiento por parte de la joven- Voy a hacer la ronda, avísame si hay algún cambio.”


Y sin más salió del campo de audición que tenía en esos momentos, y eso me hizo gruñir, sabía que el hombre del vehículo aún estaba en el hospital, tenía que verle, cerciorarme que estaba bien, y enterarme de que habían hecho con la pequeña…y todo eso antes de que nadie se diera cuenta de que mis heridas ya habían empezado a cicatrizar a un ritmo vertiginoso.

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